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La envida, el halago y Aquiles

La envidia es mala. Dicen que es el mal preferido del español común, (independentistas incluidos), y que forma parte de la metástasis que nos enferma a diario y nos hace ser como somos. Partir de esa base patriótica o genética para demostraciones empíricas basadas en la forma de ser del individuo, siempre me ha preocupado. Pero si es cierto que existen denominadores comunes entre los habitantes de un país, creo que realmente forma parte del contagio de seres humanos viviendo en grupo, y no tanto de haber nacido en una determinada zona geográfica, per se.

Es igual. A lo que iba. La envidia es mala.

Se presenta en múltiples formas. Existe una en particular que sucumbe a cualquier intento de evitar que duela. La más dañina para mí, al menos, es aquella que te regalan disfrazada de halago. Es la peor. La más odiosa. Porque sabiendo que fracasarás en ese mar de complacencia donde todos nos bañamos cuando tenemos idiotas motivos de satisfacción por algo que nos hacen creer que hemos hecho bien, resulta terriblemente inhumano empujar al individuo a dicho mar con la verbalización de un halago mentiroso pero eficaz en su ejecución.

Suelo detectar con más o menos habilidad el halago farsante. Suele producirse de forma pertinaz y a destiempo. No cuadra con el momento temporal en el que se ejecuta y pasa que, inmediatamente después de recibirlo, ocurre algo que demuestra que dicho halago no era una unidad huérfana y solitaria previa al hecho. Ese halago no es más que un caballo de Troya en cuyas tripas dormita expectante el gran Aquiles en forma de envidia.

Lo más kafkiano del asunto es el proceso que te lleva a verificar cual notario incandescente, toda la relación que has mantenido con ese envidioso homo sapiens que te ha dañado. Haces revisión pretérita de tu fugaz, (o no), relación con dicho terrorista y te das cuenta de que ya en el principio de sus inexistentes principios, este horroroso ser maligno ha ido minando vuestra la relación con pequeños artefactos explosivos en forma fragmentada de envidia recubierta de halagos. Grotesco. Atroz.

Confirmado, hoy me ha vuelto a pasar.

 

 

 

 

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